En todo lo que hacemos
Trabajen de buena gana en todo lo que hagan, como si fuera para el Señor y no para la gente.
Col.3:23 NTV
En 1981 mi esposo y yo estábamos recién casados. Vivíamos en un pueblo pequeño que se llama Cholula cerca de la capital del estado de Puebla para que cumpliera una promesa que yo había hecho a mis padres de terminar mi carrera. Yo salí de mi casa en los Estados Unidos, sin la bendición de mi familia para casarme con el amor de mi vida, Alejandro (todos le dicen Alex ahora pero en aquel entonces era Alejandro), antes de esto nos conocimos cuando visitaba México por primera vez con un grupo organizado por la Escuela Preparatoria a la que yo asistía. Aparte de nuestro amor que teníamos el uno por el otro, en realidad, no teníamos nada en común y mucho menos posesiones para empezar nuestra vida juntos. Nuestras familias estaban completamente de acuerdo en una sola cosa, en que nuestro matrimonio tenía pocas probabilidades de superar todo lo que nos desafiaba.
Mi compañera de cuarto de la universidad nos presentó a Dottie y Ray Masson quienes habían sido misioneros en México por más de 25 años hasta ese tiempo. Jody nos presentó con ellos mientras estuvieron viviendo en Puebla lejos de su campo misionero de origen, pero seguían involucrados ayudando a familias jóvenes misioneras y muchos otros proyectos. En medio de todas mis clases universitarias, lavando la ropa a mano y simplemente aprendiendo a sobrevivir, tenía un fuerte deseo por aprender a hornear usando levadura ¡para poder hacer pizza! En ese tiempo la pizza no era fácil de encontrar en México, ni tampoco teníamos el dinero para tal lujo, pero quería que por lo menos pudiéramos comer algo especial de vez en cuando. En una de nuestras conversaciones, le conté a Jody acerca de este nuevo deseo mío. Conociendo por lo que estábamos atravesando, ella también buscaba maneras de ayudarnos.
Resultó que Dottie que era una experta en relación a hacer pan, al haber ministrado por muchos años en una comunidad bastante rural donde ella hacía pan para su familia diariamente. Mi amiga concertó una cita para todos nosotros en su casa. Alex se sentó en la sala con Ray y otro amigo, mientras Dottie en la cocina comenzó a darnos la lección para aprender a hornear ¡que tanto esperaba!
Mientras Dottie seguía los pasos, abrimos el recipiente de la harina solamente para darnos cuenta que estaba llena de bichos, lo cual terminó con nuestra lección de inmediato. Ya que no teníamos un auto, pensé que perdí la oportunidad. Para mi sorpresa, Dottie planeó volver a agendar la lección e incluso pasar por mí. Pasé todo ese día con ella aprendiendo a cómo usar levadura, pero cuando la lección estaba por terminar, me di cuenta que había obtenido algo más valioso. Aun yendo juntas en el auto, horneando o lavando platos, todo lo que podía pensar era, “¡a mí me hace falta lo que ella tiene!” No lo entendía, ¡pero yo deseaba a Aquel que vivía plenamente en su interior!
Todavía puedo recordar cuán amada y especial me sentí al pasar ese tiempo con ella. Después, me di cuenta que mientras yo había estado en la cocina, Ray le había entregado un folleto cristiano en español a Alex el cual preparó su corazón para recibir a Jesús. Un poco después de eso nos encontrábamos parados uno junto al otro en una iglesia llena del Espíritu Santo en una reunión cantando alabanzas y ¡entregando nuestras vidas al Señor!
Cuando recuerdo este punto decisivo en mi vida, frecuentemente pienso acerca de cómo el Señor obró por medio de Dottie y su esposo Ray para preparar nuestros corazones y llegar a recibirle. Ellos siempre estaban ayudando a alguien, pero se dieron el tiempo dentro de su vida ocupada para ayudar a una pareja joven con muchos retos, al hacer algo que aparentemente no suplía las necesidades abrumadoras que teníamos. Es maravilloso cómo el Señor pudo usar algo tan simple que Dottie había hecho por años para ayudarme al nivel en que yo me encontraba para encaminarme en la dirección en la que necesitábamos llegar.
Esta experiencia no solamente cambió mi vida, sino también la de mi esposo, nuestra familia y al día de hoy, ¡muchas otras personas! (ni siquiera me refiero a todas las ocasiones en que he preparado toda clase de pan y pizza o enseñado a otros a hacerlo!) Unos meses después, Ray nos invitó a una Caravana Médica en las montañas de Hidalgo, México para servir a personas que tenían necesidad médica y del Evangelio. Durante esa semana sirviendo, nació una pasión por las misiones en nosotros que sigue obrando hasta el día de hoy. Es imposible enumerar cuántas personas han sido alcanzadas debido a la decisión de Dottie y Ray de ayudarnos hace mucho tiempo.
Qué fácil es para nosotras mirar las circunstancias de nuestra vida y pensar, “¡soy solo una esposa, una mamá, una hija o una amiga! ¿Quién soy yo para hacer algo para Dios o para alcanzar a alguien para Él?” Pero querida amiga, ¡tú eres exactamente la persona por medio de la cual el Señor quiere hacer llegar Su amor a través de tus acciones, de tu tiempo, desde tu lugar de trabajo, a través de tus conversaciones y de cualquier cosa que puedas hacer por alguien sin importar tu posición o tu estatus ¡Tú puedes reflejar Su amor a un mundo con necesidad! ¡Él quiere fluir por medio de ti! Todo el tiempo hay personas a nuestro alrededor con necesidad de una palabra de ánimo o que le tiendan la mano. Mi amiga Jody no sabía cómo preparar pan, pero ella me puso en contacto con la persona que sí sabía. Ella no tenía idea cómo el Señor iba a transformar a un matrimonio que todo mundo pensaba que fracasaría y lo convirtiera en una relación fructífera que sigue creciendo pero Él sí sabía.
Inclusive cuando las cosas no salieron como Dottie las planeó, perseveró para enseñarme esa lección. No se rindió ni se apenó cuando las cosas no salieron bien. Ella se mantuvo haciendo lo que sabía hacer con todo su corazón y el amor que me demostró cómo lo hizo, sigue impactando mi vida. Cuando hago pizza, horneo pan, enseño la Palabra de Dios o pongo manos para orar por una persona, tengo un tesoro de personas incluyendo a Lynn y Bobby Crow quienes han hecho buenas cosas por mí sin saber las grandes cosas que Dios haría con ellas. Nadie, inclusive nosotros no teníamos idea que el Señor nos llamaría 26 años después para regresar al país donde lo conocimos por primera vez y convertirnos en los directores de Charis Bible College México donde muchos materiales de estudio están siendo traducidos al español, proyectos misioneros siendo apoyados y estudiantes equipados para llevar las Buenas Nuevas del Evangelio ¡de vuelta a su entorno!
Ahora no hay duda que Colosenses 3:23 nos dice que en todo lo que hagamos, debemos hacerlo con todo nuestro corazón como si lo hiciéramos para el Señor. ¿Por qué? Porque cuando hacemos cualquier cosa para Él, permitimos que Su amor llegue por medio de nosotros para alcanzar a los demás. Él se especializa en usar personas como tú y como yo y nuestra vida diaria para avanzar Sus propósitos y planes mucho más allá de nuestra habilidad de percibirlos en el momento. ¿Cuáles son tus planes hoy? ¿Los estás haciendo para Él con todo tu corazón? ¿Hay alguien a quien conoces a quién puedas tenderle la mano? Pon manos a la obra en las tareas más pequeñas permitiendo que el amor del Señor desborde y ¡Él pueda hacer más allá de lo que puedas pedir o pensar!